Marihuaneros, ¿y qué queremos? ¡Donaciones!: la comunidad del cannabis en Medellín se une por los damnificados del terremoto

El sábado 15 de agosto, diferentes personas, marcas y colectivos de la comunidad cannábica de Medellín se encontraron en el Parque de Carlos E. Restrepo para convertir la solidaridad en acciones concretas. El resultado: más de 140 anchetas preparadas y una jornada que demuestra, una vez más, la capacidad de organización de esta comunidad.

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La solidaridad comenzó mucho antes de que aparecieran las primeras donaciones en el Parque de Carlos E. Restrepo.

Desde las primeras horas del sábado, un apartamento en Laureles se convirtió, de manera improvisada, en el primer centro de operaciones de una iniciativa que nació de la necesidad de responder rápidamente a la situación de las personas afectadas por el terremoto del 10 de agosto de 2026.

Una habitación amplia fue transformada en espacio de recepción, clasificación y organización. Allí comenzaron a llegar los aportes de diferentes personas y marcas pertenecientes a la comunidad cannábica de Medellín, con un objetivo sencillo pero enorme: reunir productos de primera necesidad y prepararlos para su posterior envío hacia un punto de acopio de mayor capacidad.

Pero había algo más.

Además de recibir donaciones, la jornada buscaba poner en circulación el trabajo y la creatividad de quienes hacen parte de esta comunidad. Diferentes marcas y particulares aportaron productos elaborados con dedicación y cariño para ser entregados como intercambio simbólico por las ayudas destinadas a los damnificados.

El resultado fue contundente: más de 140 anchetas fueron empacadas y preparadas para esta jornada solidaria.

El encuentro en Carlos E. Restrepo

En la tarde, el punto de encuentro se trasladó al Parque de Carlos E. Restrepo, uno de los lugares de Medellín que históricamente ha servido como espacio de encuentro para jóvenes, artistas, colectivos y diferentes expresiones de la cultura cannábica de la ciudad.

Una mesa, algunas cajas, más de un centenar de anchetas y unos carteles escritos a mano fueron suficientes para comenzar.

No hubo una gran infraestructura ni una producción monumental.

Hubo organización.

Con un micrófono en mano comenzó el llamado a quienes ya se encontraban en el parque. Poco a poco, la dinámica empezó a tomar forma. La música, las conversaciones y ese ambiente característico de los encuentros de la comunidad se mezclaron con un propósito mucho más urgente: ayudar.

Y entonces comenzaron a llegar las personas.

Desde diferentes rincones del parque aparecieron quienes habían atendido el llamado realizado por Manuela Montenegro y por toda la comitiva que trabajó para hacer posible el encuentro.

Algunos llegaron con alimentos. Otros con productos de aseo, elementos para el hogar y diferentes artículos de primera necesidad.

Cada aporte tenía un significado.

Cada persona que se acercaba demostraba que la solidaridad también puede organizarse desde abajo, desde los espacios cotidianos y desde las comunidades que muchas veces tienen que luchar primero contra los prejuicios para poder ser escuchadas.

“¿Quiénes somos? ¡Marihuaneros!”

Hubo un momento que resumió perfectamente el espíritu de la jornada.

¿Quiénes somos?

¡Marihuaneros!

¿Y qué queremos?

¡DONACIONES!

Cada llamado era respondido con celebración. Y después de cada grito llegaba una nueva donación.

La escena podía parecer sencilla, pero detrás de ella había algo mucho más profundo: personas que decidieron encontrarse para hacer algo útil por otras personas que hoy enfrentan una situación completamente diferente, marcada por la pérdida, la necesidad y la incertidumbre.

Mientras algunos recibían los aportes, otros se encargaban de organizarlos y clasificarlos. Algunos atendían a quienes llegaban, otros explicaban la dinámica y otros permanecían pendientes de que todo lo recolectado quedara correctamente dispuesto.

La organización fue la clave.

Y quizás esa sea una de las conclusiones más importantes que deja esta primera jornada.

Mucho más que cannabis

Durante años, cuando se habla de comunidad cannábica, muchas veces se reduce la conversación al consumo, al autocultivo o al tradicional porro.

Pero una comunidad es mucho más que aquello que comparte.

También es la capacidad de reconocerse, encontrarse y actuar colectivamente.

Lo ocurrido este sábado demuestra que alrededor de la cultura cannábica existe un tejido social que puede movilizar recursos, conocimientos, productos, creatividad y, sobre todo, voluntad.

No se trató únicamente de reunir enseres.

Se trató de demostrar que la comunidad también puede convertirse en una red de solidaridad.

Una red capaz de reaccionar cuando otras personas necesitan ayuda.

Una red que puede organizarse desde un apartamento, trasladarse a un parque y terminar convirtiéndose en cientos de productos preparados para llegar a quienes los necesitan.

En un país acostumbrado a enfrentar sus dificultades mediante la solidaridad entre ciudadanos, este tipo de iniciativas recuerdan algo fundamental: cuando las instituciones, las organizaciones y las comunidades trabajan en diferentes frentes, cada pequeño aporte puede terminar convirtiéndose en una ayuda significativa.

Este fue apenas el comienzo

La jornada del sábado fue el primero de una serie de encuentros que comenzarán a programarse durante las próximas semanas en diferentes lugares de Medellín.

La intención es ampliar la red, sumar nuevos puntos de recolección y coordinar esfuerzos con otros centros de acopio que recibirán permanentemente las ayudas para complementar este primer envío.

La iniciativa también ha permitido conectar a personas, colectivos y marcas que pertenecen a diferentes sectores del mundo cannábico local, pero que hoy comparten una misma preocupación: ayudar a quienes fueron afectados por el terremoto y que necesitan apoyo de manera inmediata.

Y esa colaboración será necesaria durante los próximos meses.

Porque una emergencia no termina cuando desaparecen las noticias de primera plana.

Después vienen la reconstrucción, la recuperación de las familias, la recuperación de los hogares y el largo proceso de volver a empezar.

Por eso esta jornada no debe entenderse como un evento aislado.

Es el primer capítulo de una iniciativa que busca mantenerse activa mientras la ayuda siga siendo necesaria.

Una comunidad que también sabe responder

Más de 140 anchetas empacadas.

Decenas de personas movilizadas.

Marcas y particulares aportando sus productos.

Un parque convertido durante unas horas en punto de encuentro y recepción de donaciones.

Y, sobre todo, una comunidad demostrando que puede organizarse cuando existe un propósito común.

Quizás esa sea la verdadera enseñanza de este sábado.

Que detrás de una palabra que durante mucho tiempo ha sido utilizada para estigmatizar, existe también una comunidad diversa, creativa y capaz de organizarse.

Una comunidad que puede reunirse alrededor de una planta, de la cultura, del autocultivo y de los buenos humos, pero que también puede levantarse cuando otros necesitan una mano.

Porque al final, la solidaridad no pregunta de dónde vienes.

Pregunta qué puedes aportar.

Y este sábado, en Carlos E. Restrepo, la respuesta fue clara:

¿Quiénes somos?

¡MARIHUANEROS!

¿Y qué queremos?

¡DONACIONES!

Y esto apenas comienza.

Para mayor información sobre cómo aportar a esta iniciativa, contacta directamente a las redes de manuela 🔗 Montenegro y 🔗 Green Soul.

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